«Se le ve mejor» es la frase más común y la menos útil en un vestidor. La única forma de saber si un jugador mejora físicamente es medir lo mismo, de la misma manera, dos veces separadas en el tiempo, y comparar.
Tres condiciones para que la comparación valga
- Las mismas pruebas con los mismos instrumentos: cambiar de cronómetro de mano a fotocélulas «mejora» a todo el equipo tres décimas sin que nadie haya entrenado.
- El mismo momento del ciclo: no compares una evaluación al inicio de pretemporada con otra en plena competencia.
- Suficiente tiempo entre una y otra: las adaptaciones físicas tardan de 6 a 12 semanas en verse; medir cada dos semanas solo muestra cansancio.
Qué cambio es real
Toda prueba tiene un margen de variación aunque el atleta no cambie. Por eso el informe señala como mejora o retroceso solo los cambios que superan ese margen, y muestra el resto como «se mantiene». Un sprint que pasa de 3.05 a 3.02 segundos no es una mejora; de 3.05 a 2.90 sí.
Qué mirar primero
- Las capacidades que el entrenamiento quiso mejorar: si se trabajó fuerza y la fuerza no cambió, la carga no fue suficiente o el jugador no la hizo.
- Los retrocesos: casi siempre avisan de fatiga acumulada, una lesión que no se declaró o un descenso en la asistencia.
- La asimetría entre piernas: si crece, suele preceder a una lesión.
Nuestro programa de seguimiento para equipos repite exactamente las mismas pruebas con los mismos instrumentos, y el portal de la organización muestra la evolución de cada jugador y del grupo, campaña tras campaña.